Nuevos virus, ¿antiguos síntomas?

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Por Federico G. Villanueva- Analista de Relaciones Internacionales

Es una obviedad afirmar que vivimos tiempos únicos, enfrentando el temor a la posibilidad verdadera de la extinción de la humanidad. Esta especie de Tercera Guerra Mundial contra un enemigo invisible, parece estar terminando, más allá de algunos rebrotes aquí y allá, que parecen azuzar nuestros temores, y recordarnos que la amenaza sigue ahí, latente. La chispa fue un virus, esta vez nadie mató a un Archiduque y desató un sistema de alianzas bélicas generadas post carrera armamentista. Tampoco aparece un líder que cree en la superioridad racial con aspiraciones imperialistas tratando de dominar al mundo (sé que están pensando en Trump, pero no, ese es un mal chiste que es Presidente de la principal potencia del mundo, y por ende es un mal chiste muy peligroso, pero que parece que va a tener el remate este noviembre próximo). La chispa fue un virus, las condiciones estaban dadas porque las potencias hicieron caso omiso de las advertencias, las famosas “recomendaciones” de Naciones Unidas que ellas mismas encargaron (y financiaron) para tratar el tema. Tenía un nombre rimbombante el Grupo Ad Hoc encargado del informe, de esos que estila la ONU, se llamaba Grupo de Alto Nivel sobre la Respuesta Mundial a las Crisis Sanitarias y fue el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, en abril de 2015 quien encomendó esa tarea. El informe presentado por dicha comisión en febrero de 2016 ya alertaba desde su prefacio que estaban las condiciones dadas para que ante un evento parecido a las epidemias que venían sucediéndose en el Siglo XXI, se estuviera ante un colapso sanitario a nivel planetario. SARS, Gripe A (H1N1), Ébola, la epidemia del Síndrome Respiratorio en Medio Oriente, fueron los avisos. Al Occidente, siempre soberbio y mal preparado, lo agarró desprevenido el QUINTO EVENTO de estas características en menos de 2 décadas. Parece que si las cosas suceden en Asia, el Oriente y África, no son importantes “para el mundo”. Así es, que en el diagnóstico -muy atinado por cierto- ya se vislumbraba los posibles efectos de una Pandemia. Sistemas sanitarios débiles, desfinanciados por sucesivos recortes, siempre pagando crisis económicas como la del 2008, mediante el ajuste. Un Estado mínimo, ese sueño húmedo de los liberales, se configuraba en una red de contención llenita de agujeros. Los resultados están a la vista. Hubo tiempo para prevenirlo y no se hizo. Hubo recursos para prevenirlo y no se utilizaron. Ahora todo será más costoso, en vidas, en tragedias, en dolor, y en recursos materiales. Podrán correr ríos de tinta, horas de Maestrías y Doctorados en el por qué, lo que está claro es que quizás no se pueda evitar la mutación de  un virus y su traslado por diferentes especies animales hasta llegar al ser humano, pero sí se podían haber evitado muchísimas de las consecuencias que hasta ahora, viene dejando la pandemia. Quiero citar textual parte del prefacio (premonitorio) del Informe presentado en febrero de 2016 del Alto Grupo de Naciones Unidas:

“Sobre la base de las amplias consultas celebradas, el Grupo observa que el elevado riesgo de que se produzcan grandes crisis sanitarias suele, por lo general, subestimarse y que la preparación y la capacidad de respuesta del mundo es lamentablemente insuficiente. En el futuro, las epidemias podrían superar con creces la magnitud y la devastación del brote de ébola en África Occidental. Preocupa en grado sumo al Grupo saber que la aparición de un virus de gripe altamente patógeno, que podría causar rápidamente millones de muertes y grandes trastornos sociales, económicos y políticos, no es un escenario poco probable.”

Pero algunas cosas, que ya se están estudiando en ámbitos académicos, seguramente han cambiado sustancialmente. Algo hemos tenido que aprender. El costo ha sido muy alto.En términos de vidas humanas, primero y principal, pero en varias otras cuestiones. Se pone en el centro de la escena el Estado-Nación, se agudiza un proceso de proteccionismo que ya se venía desarrollando en el último lustro, se denotan cada vez más las diferencias entre esos poquitos que concentran casi toda la riqueza y los que no tienen ni siquiera lo más básico para subsistir. Sistemas de salud colapsados, cambios de comportamiento, en nuestras conductas y relaciones sociales, cambios en el mundo laboral, en el consumo, muertes evitables, economías destruidas, inequidades que se agudizan, una especie de anarquía en las relaciones internacionales (al principio de la Pandemia) aparecen como el resultado –insisto, hasta ahora- de la Pandemia. Se han avivado viejas guerras en elconcierto internacional, mientras seguimos en de esta especie de batalla mundial contra el enemigo invisible, tenemos una Guerra Fría 2.0 entre EEUU y sus aliados por un lado y Rusia y los suyos por el otro. Ya no es con bombas atómicas, ni naves espaciales, es con laboratorios, insumos médicos y vacunas. La tecnología es un denominador común, algo tendremos que aprender los países subdesarrollados de la historia  desde 1945 para acá. Seguramente esta guerra, o estas guerras que se auto-encapsulan, son menos atractivas cinematográficamente, pero también han cambiado nuestros gustos de consumo, así que no estoy tan seguro de la afirmación previa, lo que suena a certeza es que Netflix se hartará de ganar dinero produciendo series y películas de Pandemias.

Arrancó la Guerra Fría 2.0, se revitaliza la guerra comercial chino-estadounidense (que parecía haberse llevado a su mínima expresión en decibeles y en los hechos en el ya lejano 2019), son demasiados frentes para un país tan golpeado con la pandemia, con la principal deuda externa del mundo y elecciones presidenciales en unos meses. El fuerte de Trump, que casi le garantizaba la reelección hace unos meses, era la economía, pero llegó el COVID-19 y el cúmulo de todas sus malas decisiones en el manejo de la crisis sanitaria, sumió al país en una crisis económica. Un dato muy contundente permite graficar esto: el pbi de EEUU, cayó en términos interanuales (comparado con el segundo trimestre del año anterior) en su segundo trimestre 32,9%. Es así que a la Política Internacional, se le presentan tantos desafíos como interrogantes, y en este momento la única certeza es la incertidumbre. La región seguramente, por sus propias características (modelos agroexportadores) pueda tener un efecto “rebote” en cuanto a la macroeconomía, pero que eso se traduzca en paliar los efectos desastrosos que viene produciendo la pandemia en los más vulnerables de nuestras naciones, dependerá pura y exclusivamente de las Políticas Públicas que lleven a cabo los Gobiernos de turno. Quizás para algunos países, como la Argentina, haya llegado la hora de materializar esa frase hecha de corte cuasi zen que dice “crisis es oportunidad”, y podamos, con un Estado Presente, y un Gobierno que represente fielmente los intereses de las mayorías tan postergadas, quizás sea hora de que este nuevo virus, aleje los viejos síntomas.