jueves 27 de agosto de 2026
- Edición Nº2822

Economía | 27 ago 2026

REALIDAD PREVENTIVA

El costo de los alquileres obliga a miles de adultos mayores a postergar su retiro definitivo

10:24 |El desfasaje entre el haber previsional mínimo y los valores de las viviendas particulares desató una crisis silenciosa en la clase pasiva. La imposibilidad de costear una vivienda digna con los ingresos de la seguridad social empuja a los jubilados a reinsertarse en el mercado laboral informal para evitar el desalojo.


Ante la falta de políticas habitacionales específicas y la desregulación total de los contratos de locación, el sector privado impone exigencias que resultan inalcanzables para quienes dependen de la mínima. La extensión de la vida laboral activa se transforma así en una estrategia extrema de supervivencia y no en una elección personal de bienestar. El fenómeno sociolaboral redefine las dinámicas de la tercera edad en las principales metrópolis argentinas.

El panorama económico y social para los sectores más vulnerables de la pirámide previsional sumó un factor de asfixia determinante en el último año. La combinación de ingresos congelados frente a una inflación en servicios que no da tregua dejó a miles de abuelos en una situación de desprotección absoluta. Quienes no cuentan con una vivienda propia heredada o familiar deben destinar la totalidad de sus haberes mensuales para cubrir un techo, quedando desamparados frente al resto de sus necesidades.

El mercado inmobiliario actual presenta condiciones de contratación que excluyen de manera directa a los beneficiarios del sistema previsional público. Los requisitos de ingresos mínimos exigidos por las inmobiliarias para renovar contratos de locación tradicional quintuplican el valor de una jubilación mínima básica. Ante esta barrera insalvable, los inquilinos de la tercera edad se ven forzados a resignar metros cuadrados o mudarse a pensiones informales con servicios compartidos.

Esta dura encrucijada financiera modificó de forma drástica las rutinas de la población pasiva en los grandes centros urbanos del país. Para evitar la marginación habitacional o el desalojo inminente, los jubilados deben buscar fuentes alternativas de ingresos monetarios. La reinserción obligada se canaliza mayoritariamente a través de empleos informales de baja calificación, tareas de cuidado a terceros, costura doméstica o atención en pequeños comercios de barrio de forma precarizada.

La problemática habitacional de la tercera edad expone también el fracaso de las redes de contención estatales históricas para este segmento de la población. Los programas oficiales de asistencia para el alquiler de viviendas se encuentran virtualmente paralizados o desfinanciados por el actual esquema de reordenamiento del gasto público. La falta de créditos blandos específicos o de un cupo real en los planes de vivienda social agrava la dependencia del sector inmobiliario privado más especulativo.

Desde la perspectiva médica y psicológica, la obligación de continuar prestando servicios laborales en edades avanzadas deteriora la salud de forma acelerada. Los especialistas advierten que el estrés por la inestabilidad habitacional potencia enfermedades crónicas preexistentes en los adultos mayores de setenta años. Lejos de representar un esquema de envejecimiento activo o saludable, la extensión forzada de la jornada de trabajo se vive como una condena a la fatiga permanente.

En las próximas semanas, diversas organizaciones de jubilados e inquilinos agrupados preparan presentaciones formales ante los ministerios sociales bonaerenses y nacionales. El objetivo de las agrupaciones es exigir la declaración de la emergencia habitacional previsional y el congelamiento transitorio de las órdenes de desalojo para mayores de 65 años. Mientras tanto, el reloj de los vencimientos mensuales sigue corriendo para quienes intentan sostener un techo con sus últimas fuerzas físicas.

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