La ola de delitos comerciales en el centro de la capital provincial sumó un capítulo de características tan insólitas como desagradables. Un delincuente solitario aprovechó la escasa presencia policial y la total oscuridad de la madrugada para avanzar contra uno de los locales gastronómicos más concurridos de la zona de avenida 12. El blanco del ataque delictivo fue el moderno edificio de la firma Mostaza, una esquina que cuenta con cámaras de monitoreo privadas pero que quedó completamente expuesta ante la impunidad con la que actuó el malviviente.
El ingreso al comercio se concretó mediante la utilización de un objeto contundente, presumiblemente una piedra de gran tamaño o una herramienta de hierro, con la cual el sospechoso arremetió contra las aberturas frontales. El delincuente destrozó un blindex lateral de grandes dimensiones, generando un estruendo que no llegó a ser advertido por los vecinos de los edificios linderos debido a la hora del incidente. Una vez que logró franquear la barrera física de la entrada, el intruso se dirigió de manera directa hacia las zonas operativas de preparación de alimentos y almacenamiento.
Lejos de buscar elementos tecnológicos de alto valor o cajas de seguridad complejas, el botín seleccionado por el asaltante estuvo compuesto casi en su totalidad por insumos comestibles listos para el despacho. El reporte preliminar de las autoridades policiales constató el faltante de varios packs de bebidas azucaradas, aderezos industriales y una importante cantidad de queso cheddar que permanecía guardado en las cámaras de frío del subsuelo. Los encargados del turno mañana descubrieron el desorden en las estanterías apenas ingresaron para abrir las puertas al público.
Sin embargo, el dato que mayor indignación provocó entre los propietarios y el personal de limpieza fue el acto de vandalismo escatológico detectado junto a la línea de cajas principales. Antes de abandonar el perímetro comercial por la misma abertura destruida, el malviviente defecó en el suelo del salón de atención al cliente, un gesto de desprecio que obligó a activar un protocolo especial de desinfección sanitaria y bromatológica profunda. Este tipo de conductas degradantes viene repitiéndose en varios episodios de robos a comercios platenses de la zona norte.
Los peritos de la Policía Científica de la provincia de Buenos Aires se presentaron en la escena comercial a media mañana para levantar rastros dactilares e intentar identificar al autor material del hecho. Los investigadores analizan de manera prioritaria las imágenes de las cámaras de seguridad internas del local y los domos públicos del municipio colocados en la intersección de 12 y 56 para reconstruir la ruta de escape utilizada por el sospechoso, quien se presume actúa bajo la modalidad de delincuente solitario de la zona.
La comunidad de comerciantes del centro platense manifestó su profunda preocupación por la reiteración de robos bajo la modalidad de "motochorros" o rompevidrios durante los horarios nocturnos. Las pérdidas económicas por la mercadería sustraída suelen ser menores en comparación con el elevado costo logístico y monetario que implica reponer los paneles de vidrio templado destruidos. La falta de patrullaje preventivo eficaz en las arterias comerciales más importantes de la ciudad vuelve a quedar en el centro del debate entre los vecinos y las autoridades del Ministerio de Seguridad.