El inicio de la jornada laboral se transformó en una verdadera trampa de tiempo para los miles de automovilistas que intentaron circular con destino a la Capital Federal. Una intensa cortina de niebla densa cubrió los principales tramos de la traza interurbana desde la madrugada, obligando a las autoridades viales a emitir alertas tempranas de circulación y a recomendar la reducción drástica de la velocidad comercial en los carriles rápidos. Las condiciones de adherencia en el asfalto se volvieron sumamente críticas, configurando el escenario propicio para el posterior desastre vehicular.
El primero de los incidentes de magnitud se localizó en las cercanías del kilómetro 24 de la autopista, en la jurisdicción correspondiente a la localidad de Ezpeleta. Un choque múltiple entre tres vehículos particulares obstruyó por completo los dos carriles principales de la calzada en sentido hacia el norte, forzando un desvío de emergencia hacia las banquinas laterales que saturó de inmediato el flujo de tránsito pesado. Las ambulancias de los servicios de emergencia debieron abrirse paso con extrema dificultad entre las extensas filas de camiones y colectivos que quedaron varados.
Pocos minutos después del primer siniestro vial, las alarmas de la empresa concesionaria Aubasa volvieron a encenderse por una segunda colisión ocurrida algunos kilómetros más adelante, específicamente a la altura de Wilde. En este punto de la traza periférica, un camión de carga mediana impactó por detrás a un automóvil que había desacelerado de forma brusca ante la nula visibilidad imperante en la zona de puentes. Aunque las autoridades policiales confirmaron que no se registraron víctimas con heridas de gravedad, el bloqueo parcial de la calzada terminó por sellar el destino de la traza.
La combinación de ambos accidentes vehiculares paralizó por completo la circulación de la autopista por más de dos horas consecutivas en dirección a los accesos metropolitanos. La fila de vehículos detenidos superó los diez kilómetros, extendiendo el embotellamiento masivo hasta los empalmes principales localizados en la región de Quilmes y Berazategui. Ante la imposibilidad de avanzar por la vía rápida, cientos de conductores optaron por abandonar la autopista en las salidas previas, trasladando el colapso automotor a las avenidas internas y a la vieja traza de la Ruta 2.
Las patrullas viales de la provincia de Buenos Aires desplegaron un operativo de balizamiento móvil para guiar a las columnas de autos en las zonas donde la visibilidad se encontraba por debajo de los cien metros de distancia lineal. Las grúas mecánicas de remoción trabajaron bajo presión para liberar los sectores obstruidos, retirando los restos de plásticos y aceites derramados sobre la cinta asfáltica antes de habilitar el paso normal de las unidades. Desde los centros de monitoreo urbano solicitaron a la población evitar el ingreso a la autopista hasta que mejoraran las condiciones del tiempo.
El flujo vehicular comenzó a normalizarse de manera muy lenta y escalonada recién hacia la mitad de la mañana, a medida que los rayos del sol disipaban los bancos de niebla sobre el Río de la Plata. Sin embargo, los retrasos en los ingresos a las terminales de transporte y las zonas de oficinas porteñas persistieron durante el resto de la franja horaria matutina. Este nuevo caos en el transporte interurbano vuelve a poner bajo la lupa la necesidad de extremar las medidas de control de velocidad y la prudencia de los conductores ante fenómenos climáticos recurrentes en la región.