La rosca política que rodea al seleccionado nacional sumó un condimento explosivo tras el cierre de la máxima cita futbolística global en territorio norteamericano. En el entorno de la conducción del fútbol local comenzó a ganar fuerza una hipótesis que vincula directamente la suerte deportiva con las disputas de poder institucional. Los dirigentes del ascenso y los clubes alineados con la actual gestión sospechan que las presiones externas no fueron casuales. Las terminales de la AFA apuntan a Mauricio Macri como el ideólogo de una campaña de desgaste.
El foco del conflicto se originó a partir de una severa advertencia que recibieron los futbolistas respecto de una eventual suspensión de hasta diez años por motivos extrafutbolísticos. El detonante habría sido la exhibición de una bandera con consignas vinculadas a la soberanía de las Islas Malvinas durante los festejos de un partido previo. La amenaza de un castigo de semejante magnitud alteró la tranquilidad de la delegación en las horas decisivas del torneo. La supuesta advertencia internacional condicionó el estado anímico del plantel antes de la final.
Para las espadas institucionales que defienden a Claudio Tapia, el titular de la Fundación FIFA utilizó sus aceitados contactos internacionales para amplificar el incidente de la bandera. La lectura del oficialismo deportivo indica que el jefe de Propuesta Republicana necesitaba un paso en falso de la gestión para avanzar con sus reformas de fondo. El enojo público del expresidente por la actitud de los jugadores en la cancha alimentó las suspicacias internas. En Viamonte creen que el macrismo buscó un fracaso deportivo para erosionar el poder de la conducción.
El trasfondo de esta descarnada batalla dirigencial se hamaca sobre la histórica discusión por la privatización de los clubes tradicionales de la Argentina. El proyecto para habilitar el desembarco de las Sociedades Anónimas Deportivas encuentra su principal escollo en la estructura del Ascenso Unido que respalda al actual presidente. Al no poder torcer el rumbo mediante los mecanismos democráticos tradicionales, la oposición buscaría atajos institucionales. La disputa por las SAD configura la matriz de la guerra abierta entre Macri y Tapia.
Desde el entorno del exjefe de Estado desestiman de forma tajante estas acusaciones y las atribuyen a un intento burdo por desviar la atención de los problemas de gestión. Quienes defienden la trayectoria del dirigente del PRO argumentan que las normativas de la federación internacional respecto de manifestaciones políticas son estrictas e independientes. Sin embargo, la filtración de documentos reservados en sedes judiciales extranjeras no hizo más que reavivar los cruces cruzados. El macrismo niega cualquier tipo de intervención y habla de una teoría conspirativa oficialista.
El escenario post mundialista anticipa que la confrontación no mermará y se trasladará de inmediato a las asambleas del comité ejecutivo local. Con el subcampeonato consumado en el campo de juego, el oficialismo de la calle Viamonte buscará blindar su base de sustentación política frente a los embates de la Casa Rosada. Las próximas horas serán determinantes para medir el nivel de cohesión interna que conserva la estructura tradicional frente al asedio empresarial. El control de los hilos del fútbol doméstico ingresa en una etapa de definición total.