miércoles 17 de junio de 2026
- Edición Nº2751

Ciencia | 17 jun 2026

CONICET

Avance médico histórico: logran cicatrizar por completo una herida compleja con un parche de membrana amniótica

09:59 |El exitoso procedimiento se implementó en el caso de un paciente que presentaba una úlcera recalcitrante y se encaminaba a una intervención quirúrgica.


El tratamiento con apósitos de ese material de la placenta permitió un rápido cierre y regeneración de los tejidos evitando la operación. Fue un trabajo de profesionales del CONICET en conjunto con el servicio de cirugía plástica del CEMIC -un centro asistencial de CABA- y el CUCAIBA.

La membrana amniótica es la capa que cubre la cara interna de la placenta. Cuando este órgano temporal es descartado tras el parto, se convierte en un residuo biológico cuyos tejidos, procesados y conservados, son capaces de reutilizarse con fines medicinales gracias a sus probadas propiedades antiinflamatorias y regenerativas. Es por eso que este material de la placenta es extensamente usado a nivel mundial para diversos tratamientos de reparación de tejidos, con aplicaciones que van desde lesiones oculares u odontológicas hasta heridas complejas de la piel.

Imagen: Flavia Michelini, María Ximena Guerbi, Esteban Vogel y Rocío Comito, parte del equipo de investigación. Foto: CONICET Fotografía/R. Baridón

Recientemente, un equipo de investigación del CONICET, integrado por profesionales del Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP, CONICET-UNLP-asociado a CICPBA) y la Unidad 4 del Centro de Medicina Traslacional (U4-CEMET, HEC), contribuyó a verificar la eficacia del uso de parches o apósitos derivado de membrana amniótica para el tratamiento de heridas complejas, al lograr el cierre total de una úlcera recalcitrante y una exitosa regeneración de tejidos en el caso de un paciente oncológico que se encaminaba a una intervención quirúrgica. Los resultados del procedimiento fueron comunicados en la revista científica International Journal of Molecular Sciences.

“Existe un consenso clínico a nivel mundial que se denomina TIMERS, que enmarca cómo debe ser el protocolo para el tratamiento de las lesiones crónicas o de difícil cicatrización”, cuenta María Ximena Guerbi, becaria del CONICET en el CEMET y primera autora del trabajo. “La S de esa sigla hace referencia a lo social, es decir a la atención centrada en los factores sociales relacionados con el paciente, su entorno y sus necesidades individuales. En el caso que presentamos, se trata de una persona que había sufrido una fascitis secundaria, es decir una infección provocada por una inyección aplicada de manera inadecuada que, a su vez, había derivado en una úlcera glútea recalcitrante o crónica, refractaria a los tratamientos. Por su condición de base, esta persona había estado sometida a múltiples tratamientos e intervenciones. Además, se había intentado promover la regeneración de tejidos con una técnica que no dio resultado. Por ello, manifestó su voluntad de buscar alguna alternativa terapéutica para evitar la intervención quirúrgica que se utiliza en estos casos, que es el injerto de tejido”, desarrolla.

Imagen: Griselda Moreno, Natalia Santa Cruz y María Ximena Guerbi, integrantes del IIFP. Foto: CONICET Fotografía/R. Baridón.

En ese marco, el equipo médico encabezado por Jimena Rodrigo, integrante del staff de Cirugía Plástica del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas “Norberto Quirno” (CEMIC), donde se atiende el paciente –un varón adulto–, le ofreció a este la posibilidad de tratar una parte de la herida con un apósito de membrana amniótica humana, y aplicar en otro sector de la lesión un producto comercial –una matriz de colágeno de origen animal, particularmente bovino– habitualmente utilizado para preparar el terreno para los injertos, dejando abierta la alternativa de avanzar con esa intervención en caso de que el procedimiento con el parche no tuviera una evolución positiva.

La membrana amniótica humana utilizada para el procedimiento fue provista por la Asociación Civil Para el Progreso de la Tecnología Médica de Tejidos (AMNIOSBMA), una ONG de base tecnológica habilitada como banco de membrana amniótica –obtenida mediante la donación de placentas por parte de maternidades y hospitales– y dedicada a producirla y proveerla bajo distintas presentaciones. “El uso más extendido es el de la membrana amniótica criopreservada, que implica una logística muy complicada, porque hay que mantener permanentemente la cadena de frío, no se puede almacenar, y es necesario el ingreso al quirófano para su colocación”, describe Alejandro Berra, investigador del CONICET en el CEMET, director de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) de AMNIOSBMA y autor del trabajo.

Imagen: La correlación de estudios histológicos y técnicas de biología molecular dio indicios de una mejor maduración. Foto: CONICET Fotografía/R. Baridón.

“En AMNIOSBMA procesamos la membrana dentro de las primeras 24 horas desde el alumbramiento de la placenta. En ese procedimiento, la esterilizamos y liofilizamos, es decir le extraemos toda la humedad. La membrana tiene un montón de factores biológicos que al cabo de 72 horas comienzan a decaer. Al liofilizarla, logramos que esos factores queden, de alguna manera, detenidos. Como, en general, los parches o apósitos que producimos se utilizan en heridas exudativas, al aplicarlos sobre ellas ese exudado rehidrata la membrana y genera una liberación sostenida de esos factores favorables. Es decir, de algún modo, esa humedad de la herida reactiva sus propiedades”, agrega Mariano Berra, director técnico de la ONG.

Al cabo de 49 días, la superficie tratada con el apósito de membrana amniótica tuvo una evolución mucho más favorable que aquella en la que se había aplicado la matriz de colágeno de origen animal. “A simple vista, se pudo comprobar que la piel circundante a la herida había avanzado sobre el seno de la úlcera mucho más rápido, y la coloración y el tipo de secreciones, además de la reducción de la actividad inflamatoria, dieron indicios de que el tratamiento con la membrana estaba funcionando mejor”, explica Guerbi. “Entonces, viendo esa diferencia a nivel macroscópico de la evolución de ambas zonas, se optó por continuar el tratamiento con membrana amniótica sobre la totalidad de la herida hasta su cierre completo”, añade. El proceso total que implicó la reepitelización, o reparación cutánea, duró cerca de 5 meses desde el comienzo del tratamiento.

Para el análisis de los mecanismos involucrados en esta exitosa regeneración de tejidos, el equipo del CEMIC tomó biopsias, es decir muestras de ambas zonas, algunas con anterioridad a la aplicación del tratamiento y otras al cabo de los 49 días, para procesarlas mediante estudios histológicos y técnicas de biología molecular. “El objetivo fue evaluar la expresión de genes vinculados a los procesos de reepitelización y de inflamación”, cuenta Griselda Moreno, investigadora del CONICET en el IIFP y también autora del trabajo. Los resultados arrojaron que la zona que no había sido tratada inicialmente con la membrana amniótica tuvo una cicatrización más desorganizada e irregular, mientras que la que sí recibió el tratamiento desde el comienzo expresó una evolución significativa y más armónica de la regeneración de tejido.

Imagen: La investigación detectó un proceso de angiogénesis activo, es decir que se comenzaron a generar nuevos vasos sanguíneos bajo el tratamiento con la membrana. Foto: CONICET Fotografía/R. Baridón.

“En las capas más superficiales, la maduración del nuevo tejido era equivalente en ambas regiones, tanto en la que recibió originalmente la membrana como en aquella en la que se aplicó al cabo de los 49 días. Eso era lo esperable. Por el contrario, en capas más profundas se vio una maduración más homogénea y en menor tiempo bajo el tratamiento con membrana. La correlación entre ambas técnicas da indicios de esta mejor maduración”, puntualiza Guerbi. Además, el equipo observó que en la zona en la que se aplicó la matriz de origen animal se desató una reacción de tipo “cuerpo extraño”, es decir un rechazo al compuesto utilizado, y se mantuvo una persistencia de los procesos inflamatorios, algo que no ocurrió en la región en la que se aplicó la membrana amniótica. “También se evaluó la vascularización y la angiogénesis, es decir cuántos vasos sanguíneos hay y cuántos vasos nuevos hay, respectivamente. Se vio un proceso de angiogénesis activo, es decir que se comenzaron a generar nuevos vasos bajo el tratamiento con la membrana”, remarca Moreno.

Un aspecto importante que el equipo destaca del procedimiento aplicado es que se desarrolló en su totalidad de manera ambulatoria, es decir que la persona no solo evitó el ingreso al quirófano y la intervención quirúrgica, sino también todos los trastornos que conlleva una internación.

“Cuando hablamos de medicina traslacional hablamos de dos mundos que tienen que conectarse y dialogar: el de los pasos y las metodologías de la investigación científica y el de la medicina, con la complejidad de cada paciente. Aquí se logró trasladar el conocimiento generado en el laboratorio, pero atendiendo a la necesidad del paciente de buscar una alternativa a los tratamientos convencionales que no habían funcionado, sin llegar a la intervención quirúrgica”, apunta Moreno. En esa línea, Berra describe un círculo virtuoso que comienza con la reutilización de un material biológico descartable, de cualidades probadas para su uso clínico, que continúa en el “frente de batalla”, donde médicos y pacientes se encuentran ante casos concretos por resolver. “Y eso, a su vez, luego vuelve al laboratorio, donde tenemos que tomar nota de aquello que funciona y estudiar qué factores hacen que funcione. Todo esto es fruto de un combo de diversas tareas interactuando entre sí de manera interdisciplinaria y fluida”, destaca.

Surgido en 2021, y con habilitación del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), el Centro Único Coordinador de Ablación e Implante de la Provincia de Buenos Aires (CUCAIBA) y con certificación de buenas prácticas de manufactura otorgada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), AMNIOSBMA provee a diversos hospitales e instituciones de investigación y ya cuenta en su historial con más de 2 mil pacientes tratados con sus compuestos derivados de membrana amniótica, la mayoría con problemas oftalmológicos o de pie diabético, una complicación grave de la diabetes causada por niveles altos de azúcar. “Con todo el marco regulatorio aprobado para el uso en humanos a nivel nacional, y cumpliendo con la normativa europea para lo que es un banco de tejidos, hemos podido construir un puente sobre el valle de la muerte que a veces se le presenta a los investigadores e investigadoras para trasladar un desarrollo científico hacia su aplicación clínica. En este caso, ya sorteamos esa etapa”, subraya A. Berra, y concluye: “Demostramos el potencial de los derivados de membrana amniótica como una alternativa regenerativa, y ahora nos encontramos evaluando la mecanística de ese proceso, es decir por qué y cómo funcionan estos tejidos de regeneración. Vamos optimizando un método que en un futuro cercano se podría hacer de manera completamente ambulatoria, en el propio hogar del paciente”.

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