miércoles 18 de mayo de 2022
- Edición Nº1260

Notas de opinión | 13 may 2022

ANÁLISIS

El desplome catastrófico de Terra Luna evidencia la trampa de la democratización financiera cripto

Entre la apertura de las inversiones al público que habilitan los activos digitales y la vulnerabilidad de los usuarios menos instruidos emerge la necesidad de una reflexión constructiva.


Por: Ezequiel Ian Pérez

La descentralización de las transacciones, la falta de controles por parte de entidades financieras y estatales, y la facilidad para operar desde cualquier smartphone o dispositivo informático, entre otros factores, explican la explosión exponencial que sufrió en los últimos años el mercado de criptomonedas a nivel global.

Edificado sobre un protocolo de operaciones de máxima seguridad y trazabilidad (Blockchain), el ecosistema de monedas digitales se fue ganando gradualmente un lugar en el portafolio de los inversores, desde que se minó el primer bloque de Bitcoin a inicios de 2009.

No obstante, tras la explosión en la cotización de la madre de todas las criptomonedas experimentada en la década 2010-2020, el cóctel de accesibilidad y anonimato fiscal fue atrayendo cada vez más inversores, hasta alcanzar en los últimos años a esferas sociales de escaso o nulo contacto con el sector financiero.

“El mercado cripto vino a democratizar las finanzas”, es uno de los lemas que más trascendió en los últimos tiempos, contrastando con los mercados bursátiles y su mundillo cerrado, más vedado al común de la gente.

Si es cierto que el universo de inversores se amplió muy por fuera de los tradicionales usuarios, igual de cierto es que los entusiastas del criptomercado enfatizan mucho menos en los grandes riesgos de abrir las finanzas hacia actores menos instruidos en la materia.

Los numerosos esquemas ponzi que se han ido denunciando en nuestro país tan sólo en los últimos meses -algunos de los cuales operando cifras multimillonarias- son apenas un ejemplo de las calamidades económicas que puede ocasionar la afluencia masiva al mundo de las finanzas de personas no demasiado familiarizadas con el campo.

Aunque caracterizadas por una volatilidad mucho más pronunciada que los activos tradicionales, las criptomonedas han demostrado en la última década una tendencia de crecimiento sostenido a largo plazo -no sin lapsos de dramáticos desplomes-.

En este sentido, al ingresar a los primeros círculos de criptoinversores, una de las máximas que más se repite a los principiantes -y que debería servir de advertencia previa- es: “No inviertas ninguna cantidad que no estés dispuesto a perder”.

Sin embargo, también se explica que, con adecuadas estrategias, decisiones analizadas en profundidad, y de no mediar fenómenos extraordinarios, es posible hacer crecer el capital disponible. La singular volatilidad puede ser catastrófica o una bendición para quienes especulan con los pronunciados movimientos en los valores.

Gráfico de la moneda Luna entre mediados de enero y el pasado miércoles, con velas de un día.

El caso de Luna Terra

En los últimos meses, la recesión económica global ocasionada por la pandemia venía socavando los mercados financieros en general y las advertencias sobre una burbuja a punto de estallar por acciones y criptomonedas en valores récord no se hacían esperar.

A los problemas económicos arrastrados por los años de proliferación del Covid-19 en el mundo, recientemente se le sumó la guerra entre Rusia y Ucrania, que vino a agravar los síntomas de una economía en caída franca.

Las principales potencias económicas del globo comenzaron a sufrir picos inflacionarios históricos y la intervención del Gobierno de los Estados Unidos a través de su Banco Central (la FED) para frenar los incrementos, terminó por brindar un golpe del que los mercados del mundo aún intentan recuperarse.

Así, tras tocar el máximo histórico de US$69.000 en noviembre de 2021, Bitcoin terminó marcando este jueves un mínimo en más de un año, ubicándose por debajo de los US$27.000 y arrastrando tras de sí a las más de 11 mil altcoins que configuran el criptomercado.

El caso de Luna, una de las grandes revelaciones del último año y cuya cotización ascendía a US$119.5 el pasado 4 de abril, marcando máximo histórico, es probablemente el más dramático de los últimos días y podría catalogarse como una catástrofe financiera sin temor a estar exagerando.

Se trata de un activo que forma parte del ecosistema Terra, que posee entre otros proyectos una stablecoin ligada al precio del dólar (denominada UST) y que hace días comenzó a perder la cotización en paridad con la moneda estadounidense. Esto derrumbó la confianza en una de las monedas de crecimiento más exponencial de los últimos tiempos, sobre la cual muchos inversores habían apostado.

La exchange líder global anunció el cese del trading de Luna y la stablecoin de Terra, UST.

Además, según han mencionado especialistas, se trata de un ecosistema sobre el cual había tanta liquidez invertida que su desplome podría afectar severamente al criptomercado en general.

La caída fue tan dramática que entre el 4 y el 11 de mayo, la variación en la cotización fue de US$87 a US$0.00032. Si bien muchos influencers y divulgadores advirtieron a los usuarios sobre el posible desmadre, no pocos tenedores de Luna se quedaron esperando una recuperación que jamás llegaría.

Tal como ocurrió con las denuncias de esquemas ponzi edificados por estafadores, no tardaron en comenzar a aparecer víctimas que habían invertido el ahorro de toda su vida para poder sacarle una mayor capitalización y se vieron repentinamente con las manos vacías.

Tanto la moneda Luna como la stablecoin UST fueron retiradas de las principales exchanges del mundo luego de la catastrófica debacle, y los responsables de Terra incluso habilitaron una línea de atención antisuicidios para intentar evitar las más graves consecuencias.

El objetivo de este artículo es intentar diseñar una mirada concientizadora en relación a las inversiones, en épocas donde cada vez más gente -y desde cada vez más tempranas edades- deposita su dinero en activos buscando una capitalización que, por ejemplo, le permita vencer a la inflación.

Si el criptomercado viene a democratizar las inversiones y las posibilidades de crecimiento financiero, bien necesario sería también democratizar la formación de sus inversores o de lo contrario nos encontraremos a diario con personas que en ese trajín pierden todo lo que tienen.

Siempre habrá aciertos y errores, no hay expertiz que permita adivinar la acción del precio. Sin embargo, profundizar en los principales conceptos y herramientas que existen para guiar nuestros criterios es fundamental para tomar decisiones sustentadas, reconociendo a la perfección los riesgos y evitando caer en manos de estafadores que prometen sin ponerse colorados rendimientos imposibles de garantizar.

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