miércoles 18 de mayo de 2022
- Edición Nº1260

Cultura | 12 may 2022

CUMPLE MEDIO SIGLO

“Exile on Main St”: No es solo rock and roll

Se cumplen 50 años del disco que consagró de manera definitiva a Los Rolling Stones. Refugiados en Francia para evitar problemas con el fisco, las sesiones de grabación se desarrollaron en el sótano de una antigua mansión alquilada por Keith Richards. No faltaron el caos (producto de la adicción a la heroína del guitarrista), los robos ni los incendios. Sin embargo, el álbum es una pieza fundamental en la historia del longevo grupo que exhibe una amplia gama de estilos musicales.


Por: Maximiliano Ucotich

UN POCO DE HISTORIA…

Si hay alguien a quien Los Stones deben agradecer es a Rupert Loewenstein. Ese personaje -desconocido hasta el momento por el grupo- fue quien les solicitó cortar de inmediato el vínculo con su representante Allen Klein. El inescrupuloso mánager compró para sí mismo (a través de una empresa que montó) los derechos -que vencían en 1971- de las canciones del grupo de todo lo compuesto y grabado bajo el sello discográfico Decca.

En ese contexto, los Stones se encontraron en una situación ridícula: debían más dinero del que tenían o creían tener. Según Keith Richards, el desastre financiero en el que estaban sumergidos los obligaba a abandonar el país; por este motivo, la recomendación del flamante mánager Loewenstein de que se convirtieran en no residentes fue la acertada.

“Allen Klein fue el que nos hizo y nos cagó al mismo tiempo”, señaló Richards en su excelente autobiografía titulada “Vida” (del año 2010). Nadie imaginó que la respuesta al fisco fuera abandonar Inglaterra. Sin embargo, para la primavera de 1971 partieron hacia Francia en búsqueda de nuevos rumbos artísticos y, vale decirlo, evitar embargos por cifras siderales.

Ya en Francia, Charlie Watts se instaló en Vaucluse; Bill Wyman y Mick Taylor fueron hacia Grase; Mick Jagger partió a la exclusiva Saint-Tropez. Pero quien marcó el rumbo del grupo con su elección fue Keith Richards, quien eligió la zona de Villefranche-sur-Mer y la mansión de Nellcôte para vivir junto a su hijo Marlon y su pareja, Anita Pallenberg.

Con el desafío de grabar un nuevo material, los Stones comenzaron a buscar un estudio de grabación acorde a sus necesidades. Estaba claro que la idea inicial no era grabar en Nellcôte; sin embargo, tras recorrer algunos estudios de Cannes y zonas aledañas no hallaron nada que los conformara.

La mansión que habitaba Richards tenía un inmenso sótano, y el hecho de que la banda tuviera su propio estudio móvil de grabación (el único existente en esa época) hizo que los planes cambiaran.

Una mañana de mayo estacionaron el camión frente a las puertas de la mansión y tiraron los cables al oscuro sótano, pero la débil instalación eléctrica de la propiedad no soportaba las nuevas exigencias; por ese motivo los equipos fueron conectados de manera ilegal a las líneas eléctricas de los ferrocarriles cercanas al hogar.

La conexión clandestina pasaba a través de la ventana de la cocina, lo cual implicaba cierta rusticidad -más teniendo en cuenta que los Stones ya estaban habituados a métodos de grabación de primer nivel-. Primera señal de todo lo que vendría…

EXILIADOS Y ALGO MÁS

“Mi casa, mis reglas”, parece haber dicho Richards al momento de encarar “Exile on main St”. Es que el material se gestó exclusivamente bajo las condiciones impuestas (o generadas) por el guitarrista, quien atravesaba una fuerte adicción a la heroína: esto implicaba grabar en horarios irrisorios o lidiar con maratónicas jornadas cuando se le antojaba mantenerse en pie durante días.

Es, visto en perspectiva, el disco más “Richards” de toda la discografía Stone. Es el material donde el guitarrista impuso todas sus ideas, quizás por eso para Mick Jagger esté lejos de ser su álbum preferido. Sin embargo, en el medio de ese caos, es innegable que “Exile on main street” se constituye como una de las piedras angulares dentro del universo de la banda.

Las precariedades técnicas con las cuales se desenvolvieron durante esos meses llevó al grupo a realizar algunos experimentos que se tornaron naturales con el correr de los días. 

Así lo expresa Richards en sus memorias: “Lo que te interesa es utilizar ecos naturales y por ahí abajo encontramos unos cuantos muy extraños. A veces yo tocaba en una habitación con azulejos y giraba el ampli para que apuntara a una esquina, a ver qué encontraba el micrófono. Me acuerdo de haberlo hecho para ‘Rock off’, para ‘Rip this joint’ también. Pero, por muy raro que fuera grabar ahí (sobre todo al principio), cuando empezamos a encontrarle la vuelta nos resultó completamente natural. No decíamos ‘qué manera más rara de grabar’, ni nosotros ni Jimmy Miller (productor del álbum) ni el ingeniero Andy Johns. Más bien era: ‘No estamos muy lejos, hay que insistir’”.

Y si bien reconoce que todo se grabó en circunstancias muy caóticas, ese no era el mayor de los problemas: la urgencia más amenazante giraba en torno a sí había canciones, y luego si tenían el sonido. Todo lo demás era secundario.

“Exile on main St” no es solo rock and roll, a lo largo de los 67 minutos la paleta musical pasa por el country, el blues, el soul, el R&B, el folk y el boggie. Por su parte, Richards estaba empezando a patentar un sonido particular a través de la guitarra con cinco cuerdas y afinación abierta. “Rock off”, “Happy”, “Ventilator blues”, “Trumbling dice” y “All down the line” son ejemplos de esto: todas fueron escritas en pocos días.

En ese sentido, explicó: “Descubrí que tocar con cinco cuerdas se vuelve interesante usando un capo (accesorio de guitarra que se utiliza apoyándolo en diferentes trastes para obtener una cejilla permanente y tocar distintas tonalidades). Te deja menos margen de maniobras (…). Pero también crea un sonido, una resonancia que no puede obtenerse de ninguna otra manera”.

En varios amaneceres, concluidas las jornadas de grabación, Richards tomaba su lancha (bautizada como “Mandrax”) y junto a Mick Jagger, Bobby Keys y quien quisiera sumarse partía rumbo a Italia por la costa.

Cruzar una frontera y que a nadie le importe un carajo te da una sensación extra de libertad. Era como poner a prueba a los italianos, a ver qué decían (…). Por eso le pusimos ‘Exile on main street’. En Estados Unidos se entendió porque todas las ciudades tienen una Main Street. Nuestra calle principal era la costa de la Riviera. Y estábamos exiliados. Sonaba perfectamente auténtico y comunicaba todo lo que necesitábamos decir”, confió el icónico guitarrista.

El verano iba llegando a su fin y el disco estaba tomando la forma deseada. Sin embargo, Mick Jagger -quien acababa de ser padre de su segunda hija, Jade- dio por concluidas las grabaciones; esto provocó la ira de Richards. Bill Wyman ya había dejado el lugar, asqueado por el ambiente que allí se vivía.

Con el circo desmontado, el panorama en Nellcôte se tornó sombrío: una noche Richards sufrió el robo de once guitarras (además de un bajo y un saxo de Bobby Keys); unos días antes había incendiado de modo accidental la cama junto a su esposa Anita, quien se encontraba embarazada de tres meses.

A estos inconvenientes se le sumó una investigación por tráfico de drogas por parte de la Brigada de Estupefacientes de Francia, de la cual pudieron escapar por poco.

Si bien el primer intento por dejar el país les fue denegado, tras una ardua negociación lograron que Keith y Anita abandonaran las tierras galas. La única condición era seguir alquilando Nellcôte (lo que se dice una especie de fianza), que al guitarrista le costó 2.400 dólares por semana.

SALIR DEL INFIERNO

Ya instalados en Los Ángeles, Estados Unidos, con las pistas del material, sin overdubs ni efecto alguno, se encargaron de la mezcla de las canciones durante unos cuatro meses.

En una época donde sacar un álbum resultaba riesgoso para la industria, los Stones pisaron el acelerador y fueron por todo: un álbum doble con un total de 18 canciones que se convirtió en el más largo de la historia del grupo con 67 minutos de duración.

Y aunque Mick Jagger suela bajarle el precio, es innegable que “Exile on main St” es una obra particular dentro del mundo stone. Canciones memorables como “Rock off”, la velocísima “Rip this joint”, la hitera “Trumbling dice”, la influencia country de Gram Parsons en “Sweet Virginia” y “Sweet black angel”, “Loving cup”, “Happy”, ese clásico llamado “Shine a light” o “Soul survivor”, dan cuenta de un material único que nació en un clima por demás hostil desde el comienzo.

No fue fácil para nadie parir este álbum, pero que a 50 años de su publicación las canciones sigan más vigentes que nunca reafirma la magnitud de la obra. Haber dejado la sangre y el alma en cada canción tuvo para Jagger, Richards y compañía, su merecida recompensa.

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