domingo 24 de octubre de 2021 - Edición Nº1054

Sociales | 6 oct 2021

Informe de UNICEF

Los efectos nocivos del COVID-19 sobre la salud mental de los niños, niñas y adolescentes son sólo la punta del iceberg

UNICEF advierte en su publicación Estado Mundial de la Infancia 2021, En mi mente: promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia, que los efectos del COVID-19 sobre la salud mental y el bienestar de los niños, niñas y adolescentes podrían prolongarse durante muchos años, e indica que los trastornos mentales entre los jóvenes suponen una pérdida para la economía de casi 390.000 millones de dólares al año.


Estado Mundial de la Infancia 2021

Casi 46.000 adolescentes se suicidan cada año, una de las cinco principales causas de muerte para este grupo de edad. En el año 2019, 459 adolescentes murieron en Argentina a causa de suicidio -representa el 15% del total de muertes adolescentes-, pasando a ser la primera causa de muerte por causas externas en la adolescencia (Fuente: Estadísticas Vitales. DEIS 2019). Esto significa que 1,2 adolescentes mueren diariamente a causa de suicidio en el país y un 14% de estos ocurre en niñas y niños de 10 a 14 años.

 

“Los últimos 18 meses han sido muy largos para todos nosotros, especialmente para los niños y las niñas. Debido a los confinamientos nacionales y a las restricciones de movimiento relacionadas con la pandemia, niños y niñas han perdido un tiempo valioso de sus vidas lejos de la familia, los amigos, las aulas y los lugares de recreo, que son muy importantes durante la infancia”, dijo Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de UNICEF. “Las consecuencias del Covid-19 tienen un gran alcance, pero son sólo la punta del iceberg. Incluso antes de la pandemia ya había demasiados niños abrumados por el peso de una serie de problemas de salud mental a los que no se les había prestado atención. Los gobiernos están invirtiendo muy poco para atender estas necesidades esenciales. No se está dando suficiente importancia a la relación entre la salud mental y las consecuencias que se producen más adelante en la vida”.

 

La salud mental de los niños, niñas y adolescentes durante la pandemia COVID-19

 

De hecho, la pandemia se ha cobrado un alto precio. Según los primeros resultados de una encuesta internacional realizada por UNICEF y Gallup entre niños y adultos de 21 países –que se adelanta en el Estado Mundial de la Infancia 2021– un promedio de 1 de cada 5 jóvenes de entre 15 y 24 años encuestados dijo que a menudo se siente deprimido o tiene poco interés en realizar algún tipo de actividad.

 

Según los últimos datos disponibles de UNICEF, al menos 1 de cada 7 niños se ha visto directamente afectado por los confinamientos en todo el mundo, mientras que más de 1.600 millones de niños han sufrido alguna pérdida en su educación. La alteración de las rutinas, la educación y el ocio, así como la preocupación de las familias por los ingresos y la salud, hacen que muchos jóvenes sientan miedo, rabia y preocupación por su futuro. Por ejemplo, de acuerdo con los datos de la cuarta ronda de la Encuesta rápida COVID-19 realizada por UNICEF Argentina en mayo de este año, el 33% de las y los adolescentes manifestó sentirse angustiado y el 25% dijo estar asustado frente a la incertidumbre que genera el contexto del COVID. De igual modo, una encuesta en línea realizada en China a principios de 2020, citada en el Estado Mundial de la Infancia, indicaba que alrededor de una tercera parte de los encuestados afirmaba sentirse asustado. 

Por otro lado, la reciente investigación realizada por UNICEF sobre el efecto en la salud mental de Niños, Niñas, Adolescentes COVID-19 en la Argentina concluye que las y los adolescentes se vieron mayormente afectados emocionalmente, especialmente ligado a la pérdida de proyectos, la disminución de sus posibilidades de participación y la construcción de vínculos sociales.

 

Por último, una encuesta realizada en Argentina en relación al impacto de la pandemia entre las y los adolescentes arrojó que el 72% sintió la necesidad de pedir algún tipo de apoyo en relación a su bienestar emocional (U-Report).

 

Coste para la sociedad

 

Los trastornos en salud mental diagnosticados, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, ansiedad, autismo, trastorno bipolar, trastorno de la conducta, depresión, trastornos alimentarios, discapacidad intelectual y esquizofrenia, pueden perjudicar considerablemente la salud, la educación, las condiciones de vida y la capacidad para obtener ingresos de los niños y los jóvenes.

 

Aunque el impacto en la vida de los niños es incalculable, un nuevo análisis realizado por la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, que también se incluye en el informe, revela que las pérdidas económicas debidas a los trastornos mentales que provocan discapacidad o muerte entre los jóvenes se estiman en casi 390.000 millones de dólares al año.

 

Factores de protección

 

El informe señala que una combinación de aspectos genéticos, experiencias personales y factores ambientales, en los que se destaca la calidad de la crianza de niños y niñas, la exposición a la violencia o los abusos sexuales, la escolarización, las oportunidades de participación en adolescentes, la discriminación, la pobreza, las crisis humanitarias y las emergencias sanitarias como el COVID-19, conforman la salud mental de los niños e influyen en ella a lo largo de toda su vida.

 

Aunque los factores de protección, como la presencia de cuidadores afectuosos, los entornos escolares seguros y las relaciones positivas con las y los compañeros y los espacios de participación de niños, niñas y adolescentes pueden reducir el riesgo de padecer trastornos en salud mental, el informe advierte que hay importantes obstáculos, como la estigmatización y la falta de financiación de servicios adecuados, que impiden a demasiados niños y niñas gozar de una salud mental positiva o acceder al apoyo que necesitan.

 

El Estado Mundial de la Infancia 2021 pide a los gobiernos y a los asociados de los sectores público y privado que se comprometan, comuniquen y actúen para promover la salud mental de todos los niños, niñas, adolescentes y cuidadores, proteger a los que necesitan ayuda y cuidar a los más vulnerables, entre otras cosas mediante las siguientes medidas:

 

  • Invertir urgentemente en la salud mental de niñas, niños y adolescentes en todos los sectores, no sólo en el de la salud, para apoyar un enfoque basado en la prevención, la promoción y el cuidado que abarque a toda la sociedad.

 

  • Integrar y ampliar las intervenciones basadas en evidencia en los sectores de la salud, la educación y la protección social, incluidos los programas de crianza que promueven una atención sensible y enriquecedora y que brinden apoyo a la salud mental de madres, padres y cuidadores; y garantizar que las escuelas también sean espacios que promuevan la salud mental mediante el trabajo intersectorial con servicios de calidad y relaciones positivas.

 

  • Romper el silencio que rodea a las enfermedades mentales, afrontando el estigma, promoviendo una mejor comprensión de la salud mental y tomando en serio las experiencias de los niños, niñas y los jóvenes.

 

“La salud mental forma una parte integral de la salud; no podemos permitirnos seguir considerándola de otra manera”, dijo Fore. “Hemos observado que, durante demasiado tiempo, tanto en los países ricos como en los pobres, no se han hecho los esfuerzos suficientes para comprender esta cuestión e invertir en ella, a pesar de que desempeña un papel fundamental para el potencial de todos los niños, niñas y adolescentes. Esto tiene que cambiar”.

Notas para los editores

 

Las estimaciones sobre las causas de muerte entre los adolescentes se basan en los datos de las Estimaciones Mundiales de la Salud 2019 de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las estimaciones sobre la prevalencia de los trastornos mentales diagnosticados se basan en el Estudio de la carga mundial de enfermedades de 2019 del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (IHME).

 

Los resultados de la encuesta sobre los sentimientos de depresión o la falta de interés en realizar actividades forman parte de un estudio más amplio realizado conjuntamente entre UNICEF y Gallup para explorar la brecha intergeneracional. El Proyecto Changing Childhood entrevistó a unas 20.000 personas por teléfono en 21 países. Todas las muestras se basan en probabilidades y representan dos poblaciones distintas en cada país: personas de 15 a 24 años y personas de 40 años o más. El área de cobertura es todo el país, incluidas las zonas rurales, y el marco de muestreo representa a toda la población civil, no institucionalizada, dentro de cada cohorte de edad con acceso a un teléfono. Los resultados completos del proyecto serán publicados por UNICEF en noviembre.

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