Coronavirus: actualizan datos en 1.380 muertes y casi 64 mil infectados entre suspicacias y desconfianza

Mundo

El gobierno chino, tras modificar el método de detección de la enfermedad, publicó datos que suponen un gran incremento en los últimos días en ambos grupos. Sin embargo, las irregularidades gubernamentales en el tratamiento de la epidemia han minado de dudas y especulaciones el accionar de las autoridades.

Por Ezequiel Ian Pérez.

Por segundo día consecutivo las cifras publicadas respecto al coronavirus, recientemente denominado COVID-19, sorprenden por su estrepitosa escalada. Es que según han asegurado desde las instituciones del país oriental, hasta hace poco tiempo los recursos técnicos de los que se disponía en Wuhan para la detección y el tratamiento eran limitados.

De ésta manera la cantidad de afectados ya superó ampliamente a las víctimas de la epidemia de Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) en el año 2003, tras el cual casi 800 personas perdieron la vida.

En este sentido, los últimos días se ha radicalizado el número de contagios y decesos respecto al ritmo que venía siendo informado, aunque a esta altura del desarrollo del fenómeno epidémico (y del pánico social que conlleva) los gobernantes en China han visto su credibilidad seriamente comprometida.

Uno de los factores disparadores del malestar y el enojo en la sociedad fue la inicial subestimación del descubrimiento del virus y, el amedrentamiento al médico que intentó difundirlo entre sus colegas del Hospital de Wuhan para que tomaran precauciones. A él y a unas cuantas personas más los acusaron de lanzar rumores de manera ilegal (e incluso les hicieron firmar documentos legales donde lo admitían).

Paralelamente, mientras se buscaba silenciar la situación, el gobierno de Xi Jinping daba aviso a la OMS (Organización Mundial de la Salud) sobre el hecho. Se ocultó la situación a la población e incluso se permitieron celebraciones por el año nuevo chino con banquetes para hasta 40 mil personas a sabiendas de que un extraño patógeno proliferaba.

Una imagen tomada por el propio médico cuando cayó internado a causa del virus COVID-19.

Este médico, llamado Li Wenliang, poco después contrajo el COVID-19 durante las tareas de asistencia en el centro de salud y falleció en la madrugada del viernes 7 de febrero dejando a un hijo de 5 años y a su pareja embarazada. Su figura se convirtió en la de un mártir para los ciudadanos, que estallaron al enterarse de su deceso e incluso llegaron a ser trending topic en redes sociales antes de que el gobierno censurara los mensajes.

Estas graves negligencias, sumadas a un duro régimen policial instalado en las áreas de mayor diseminación del nuevo coronavirus, han puesto bajo telo de juicio la veracidad de los datos comunicados por las autoridades chinas.

En este marco, la agencia oficial Xinhua publicó un artículo en el que se propone “no dudar de la transparencia de China en el control de la epidemia” y se asegura que el país “En lugar de ocultar su dimensión, ha hecho todos los esfuerzos posibles por comprender y publicar los hechos sobre el COVID-19”.

Fuente: BBC; Xinhua.

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