Tras el escándalo por racismo y xenofobia, la UAR suspendió a tres jugadores de Los Pumas

Sociales Titulares

Luego de que se conocieran viejas publicaciones de Twitter donde tres jugadores expresaban fuertes niveles de discriminación, el capitán y otros dos jugadores fueron apartados del grupo.

Por Ezequiel Ian Pérez.

El rugby argentino vive días agitados, luego de que la selección nacional quedara en el centro de las críticas por el tibio homenaje a Diego Armando Maradona el sábado pasado. La actitud había quedado más expuesta aún ante el reconocimiento por parte de la selección neozelandesa.

Mientras Los Pumas salieron a la cancha con una pequeña cinta negra en uno de los brazos, los All Blacks presentaron una camiseta de su equipo con el dorsal número 10, y la leyenda “MARADONA” en la parte inferior previamente a realizar el tradicional “Haka”.

Pero, lejos de quedar ahí, la indignación no paró de escalar en las horas posteriores al partido.

Del enojo al escándalo

Este desafortunado evento pasó a segundo plano en el transcurso del fin de semana, cuando comenzaron a filtrarse indignantes tweets de varios de los actuales integrantes de Los Pumas.

En principio, aparecieron vía retweets, y luego, a medida que los autores fueron borrando las antiguas publicaciones, mediante capturas de pantalla.

Racismo, xenofobia, antisemitismo y discriminación basada en la clase social son algunas de las graves categorías de odio presentes en las expresiones del capitán de la selección de rugby, Pablo Matera, como de otros jugadores: Guido Petti, Santiago Socino y Lautaro Bazán, entre otros.

Estas manifestaciones inaceptables fueron viralizadas y ampliamente repudiadas por miles de usuarios en las redes sociales, provocando, en algunos casos, que los deportistas de selección directamente desactiven sus cuentas.

Una serie de tweets con imágenes de las capturas de pantalla de los indignantes mensajes.

La definición de la UAR

Tras el escandaloso exabrupto, que ya trascendió en medios internacionales, y en particular en aquellas naciones directamente agredidas por los rugbiers, la Unión Argentina de Rugby tomó una decisión tajante.

A través de un comunicado, donde la entidad aclara que “repudia enérgicamente los comentarios discriminatorios y xenófobos publicados”, anunciaron que se resolvió: “En primer lugar, revocar la capitanía de Pablo Matera y solicitar al staff que proponga a la Mesa Directiva un nuevo capitán”.

En segundo lugar, “suspender a Pablo Matera, a Guido Petti y a Santiago Socino del seleccionado nacional hasta tanto se defina su situación disciplinaria”. Y por último, “iniciar un proceso disciplinario a los tres jugadores mencionados, a cargo de la Comisión de Disciplina de la Unión Argentina de Rugby”.

En este sentido, la UAR advierte que, “si bien los mensajes fueron expresados entre 2011 y 2013 y no representan la integridad como personas que los tres mostraron durante este tiempo en Los Pumas”.

Hacia el final, sentenciaron: “Desde la Unión Argentina de Rugby condenamos cualquier expresión de odio y consideramos inaceptable que quienes las expresen, representen a nuestro país”.

Que el árbol no tape el bosque, el odio no es patrimonio exclusivo de un deporte ni una clase social

Si bien la resolución recibió ciertas críticas por no atacar el problema de fondo, es preciso aclarar que el próximo sábado la Selección Argentina de Rugby disputará un partido por el torneo de las Tres Naciones contra Australia.

Es decir que Los Pumas perderán a su capitán y a dos integrantes más en medio de una importante competencia, donde recientemente hicieron historia, venciendo por 25 a 15 a la selección de mejor consideración en el mundo, los All Blacks de Nueva Zelanda.

De más está decir que una sanción particular es insuficiente, y que esta problemática debe ser atacada de raíz. Pero estamos hablando de una transformación profunda, de carácter estructural de amplios segmentos sociales.

Así anunció la UAR la sanción en las redes sociales.

La xenofobia, el racismo, el antisemitismo y demás formas de odio e intolerancia no son patrimonio exclusivo de un deporte, y, a pesar de que se manifiestan con crudeza en determinados segmentos socioeconómicos, tampoco es una cuestión de exclusiva de una clase social.

En este sentido, queda claro que el ambiente del rugby es el gran apuntado por estas horas, y que desde allí se deberá trabajar profundamente para evitar la proliferación de este tipo de pensamientos y actitudes entre sus jugadores. Más aún, en un universo que se jacta con recurrencia de los valores construidos desde su práctica.

No obstante, estos casos bisagra deberían servir para visibilizar la problemática de manera amplia. No sería lo más saludable, al menos así lo entiendo, depositar estas actitudes repudiables en un chivo expiatorio con el dedo señalador, omitiendo que es una realidad que trasciende transversalmente diferentes sujetos e identidades sociales.

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