LA IMBECILIZACIÓN DE LA DERECHA, UN FENÓMENO MUNDIAL

Notas de opinion Politica Sociales Titulares

Por Federico Villanueva

El problema no es con las derechas, el problema es el proceso de imbecilización que ha llevado a cabo la derecha en el mundo, sus votantes vomitando odio son el fiel reflejo de esta estupidez universal. Es gente que no ha leído jamás, que no discute ideas, que tira consignas que vio en la tele, que no saben historia, que no se manejan con raciocinios, argumentos y lógica. Tienen toda una batería de slogans berretas y se consuelan con frases de autoayuda sacadas de Facebook o Instagram. Y hacen política desde la anti política. Dicen “son todos iguales”, pero rascás un poquito y todos son de derecha y votan a la derecha. Jamás tienen un argumento sólido, cada vez que les tirás un dato que de por tierra con su relato, la respuesta es el ataque. Detestan todo aquello que no sea blanco, heterosexual y católico, “trabajador y de buenas costumbres” dicen de manera edulcorada. Eufemismos, que enseguida derivan en racismo, machismo, homofobia, y claro, una hipocresía terrible, que les otorga esta supuesta superioridad moral.

Por supuesto, es un proceso global, pero también tiene sus particularidades. Hace poco el Jefe de Gabinete encontró un buen término: “son terraplanistas de la política”, dijo. Gran verdad, se aglutinan un montón de odiadores de todo y todos, con causas tan disímiles como la penalización del aborto (los autodenominados “pro vida”), los anti vacunas, los anti Estado, los anti pandemia.

Nada se puede construir con gente así, lo mejor es ignorarlos, no dejarlos que se unan, y -si se puede- educarlos.

Ahí se encuentra la clase alta (que defiende sus privilegios) y por supuesto, los que aspiran al ascenso sin otro esfuerzo que el ser alcahuetes de un sistema que no está armado para ellos y de una clase social que los ve como siervos útiles con fecha de caducidad. Todos tienen fascinación por otros países. No importa si en esos países, de hecho, la realidad es peor que acá. Jamás verán algo bueno en su lugar de origen. Hay odio al pobre en esta gente. Es gente que en definitiva, se odia a sí misma, no sabe ser feliz, y encuentra en este estilo de vida (el odiar) un canal de salida para su constante frustración.

Seguro mientras leías esto, identificaste a unos cuántos. Todos conocemos gente así. Casi todos nos alejamos (tarde o temprano) de gente así.

Si vamos a ponerle nombre y cara a este tipo de votantes, tenemos que referirnos a quiénes los representan electoralmente, son los de Juntos por el Cambio en Argentina, los de la Coalición Multicolor en Uruguay, los de la APB (Alianza para Brasil) en el gigante sudamericano, son los que llevaron a cabo un golpe de Estado contra el Gobierno democráticamente electo en Bolivia. No son fenómenos aislados, ni siquiera son cuestiones locales, ni nuevas, han ido mutando, desde Le Penn padre (Jean Marie) en Francia a su hija Marine, VOX en España, el neonazismoen el Congreso alemán, los adherentes a Trump en Estados Unidos, y la lista de ejemplos es larga, pero cada nación, en mayor o menor medida tiene representantes fieles de la imbecilidad de la derecha. Tienen una agenda tan clara, como peligrosa, enfrentar a los ciudadanos, desmantelar el Estado, atacar la agenda de derechos –con particular saña hacia la ideología de género- y ya no se ruborizan al pedir cosas como la pena de muerte, expulsar a los extranjeros, prohibir la unión en matrimonio de parejas homosexuales, etc etc etc

Son aquellos que en nombre de “las buenas costumbres” atacan todo lo que se corra un milímetro de su conjunto de creencias y valores. Muchas discusiones se dan, y se darán, respecto a qué hacer con gente así, cómo reaccionar, ya que son violentos y avasalladores, a la vez muy irascibles y con poco contenido ideológico o sustento científico. Sus líderes son producto del marketing, de la big data, de la posverdad y las fake news. Así llegan al Poder. Ahora, así como llegan, se van, no sin hacer mucho daño, pero se van. Lo hemos visto en Argentina y Estados Unidos, vemos los cambios en la región, que parece empezar un proceso (de acá a dos o tres años) de vuelta al Progresismo. Lo que hay de fondo, es una discusión más profunda, y es el modelo económico y social que plantean estas derechas nuevas. Es un modelo que no se aguanta más de un período, por lo burdo, por lo tosco, por la rápida aplicación de sus medidas de empobrecimiento de las grandes mayorías.