Argentina le abre la puerta a la industria del cannabis

Economía Politica Titulares

Matías Kulfas presentó un proyecto que prevé la investigación, desarrollo y producción de cannabis medicinal y cáñamo industrial.

El pasado miércoles, las autoridades nacionales dieron un paso adelante en el plan de desarrollo y explotación de la industria del cannabis a nivel medicinal y en la elaboración de insumos que agreguen valor al cultivo de la planta.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, encabezó la presentación del proyecto de ley “Marco regulatorio para el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial”, que establece los mecanismos para la regulación de la actividad, fomenta el desarrollo de la cadena productiva y, especialmente, promueve el desempeño de las cooperativas del sector y de las PyMEs.

Del anuncio, que se dio en el marco del Consejo Económico y Social en el museo del Bicentenario, fueron parte también el secretario de Asuntos Estratégicos de la Nación y presidente del Consejo Económico y Social, Gustavo Beliz; la ministra de Salud, Carla Vizzotti; el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza; el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Luis Basterra.

El ministro Kulfas exponiendo durante la presentación.

Además, varios legisladores acompañaron la presentación de un proyecto, que abre el juego a la posibilidad de potenciar la esperada recuperación económica del país, mientras avanza la campaña de vacunación para dejar atrás la pandemia de Covid-19.

Kulfas destacó que la propuesta implica “una visión federal” y sostuvo que “garantizará el acceso a la salud, generará miles de puestos de trabajo y más exportaciones”.

En lo referido a la aplicación medicinal de la planta, que ya se utiliza en diferentes provincias y jurisdicciones de la Argentina, se destacó que potenciará la producción complementando la Ley 27.350; mientras que legalizará la producción y la comercialización del cáñamo industrial.

“En este proceso, la Economía del Conocimiento ocupará un rol central a través de la innovación tecnológica. En los últimos años hubo un gran crecimiento en este mercado, lo que nos permite revisar las experiencias internacionales cercanas”, explicó el ministro.

En este sentido, también celebró la “ventana de oportunidad” que genera para nuestro país, informando que ya existen varias iniciativas provinciales y municipales al respecto. El proyecto surgió del trabajo entre el Estado nacional y los provinciales, actores del sector privado, investigadores del CONICET, PyMEs, laboratorios y organizaciones de la sociedad civil.

Según precisaron desde la cartera de Desarrollo productivo, la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (ARICAME), será la encargada de regular, administrar y fiscalizar toda la cadena productiva de cannabis y cáñamo; así como de otorgar y administrar autorizaciones para producción y comercialización, con especial atención a PyMES, cooperativas y economías regionales.

“Gracias a nuestras capacidades agropecuarias y nuestro fuerte entramado científico-tecnológico tenemos la oportunidad de ser líderes regionales de este mercado”, enfatizó Kulfas.

Capitalizar el potencial

En medio de la crítica situación sanitaria y económica, no pocas voces alzaron la voz cuestionando las prioridades del Ejecutivo al presentar el proyecto.

Sin embargo, no deja de ser cierto que Argentina reúne condiciones ideales para desarrollar esta industria: una amplia capacidad de producción agrícola; una larga tradición de investigación y desarrollo en ciencia y tecnología; una fuerte demanda de empleo y la eterna necesidad de engrosar las divisas entrantes.

Si bien la exportación agropecuaria se encuentra mayormente abocada a cultivos como la soja, el trigo y el maíz, también es cierto que existen amplios espacios esperando a ser explotados, y que la planta de cannabis exhibe una cierta versatilidad para desarrollarse en terrenos y climas diversos.

Cultivo de cáñamo industrial.

Esto significa que no requerirá necesariamente la ocupación de las tierras fértiles y, por contrario, ha demostrado tener saludables atributos para la rotación de cultivos. Una práctica más que necesaria, por ejemplo, en plantaciones de soja; cultivo que aunque se presenta altamente rentable tiene el desafortunado efecto colateral de dañar severamente el suelo.

El ministro de Agricultura, Gandería y Pesca, Luis Basterra, expresó tras el anuncio que desde la cartera se trabaja “para impulsar el desarrollo científico tecnológico y la promoción de prácticas sustentables”.

En esa línea, explicó que desde el Instituto Nacional de Semillas (INASE) se regulará “la trazabilidad de los productos vegetales para favorecer la producción y comercialización, asegurando a agricultores y usuarios en general la identidad genética y la calidad de las semillas”.

En tanto, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) puso a disposición las capacidades para desarrollar, en diferentes regiones del país, actividades de investigación y experimentación en producción e industrialización de estos cultivos. “Ya llevamos 7 convenios aprobados”, informó Basterra.

Por último, también resaltó que el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) tendrá a su cargo los análisis de riesgo de plagas, “con el objetivo de fijar los requisitos de importación de la planta de Cannabis Sativa, sus partes, productos y subproductos en base a las normas nacionales e internacionales existentes”.

Por último, el ministro señaló que el objetivo es favorecer la producción regional, “la participación de pequeñas y medianas empresas, cooperativas, actores de la economía social y agricultores familiares, campesinos e indígenas, en el desarrollo de emprendimientos productivos”.

Por su parte, el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza, sostuvo que se trata de “una oportunidad enorme para que la ciencia y tecnología sean instrumentos para la transformación social y para que la Argentina pueda encarar grandes desafíos”.

Al respecto, destacó la importancia de “sumar a todos los actores” para hacerlo, y concluyó: “Los científicos y científicas son un actor más que agrega valor, aportando conocimiento a esa cadena productiva”.

Tagged