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11-9, 25 años después: EE UU y el desafío de no olvidar el horror - Info360

CULTURA | 11 SEP 2026

UN CUARTO DE SIGLO DESPUES

11-9, 25 años después: EE UU y el desafío de no olvidar el horror

Los atentados dejaron 2.977 muertos en 2001 y 9.400 fallecidos después por enfermedades derivadas del polvo de los derrumbes. El museo de Ground Zero preserva sus historias y tiene 2,4 millones de visitas al año


TAGS: ATENTADO, EE.UU, 11-9


Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos enfrenta un desafío que hace poco parecía lejano: preservar la memoria de una tragedia que, para una parte creciente de la población, ya no es un recuerdo personal sino un episodio de la historia.

El aniversario tendrá actos. Donald Trump rendirá homenaje en el Pentágono, mientras el vicepresidente JD Vance y cuatro expresidentes —Joe Biden, Barack Obama, Bill Clinton y George W. Bush— estarán en Ground Zero. La ausencia de Trump, según The New York Times, se debe a que no se le permitiría pronunciar un discurso en el lugar, algo estrictamente prohibido para que la conmemoración se mantengan no partidistas. El presidente calificó de “inventada” la versión sobre su discurso.

ANIVERSARIO E INTERROGANTE

Más allá de la polémica política, el aniversario plantea una pregunta más profunda: qué sucede con una tragedia nacional cuando quienes la vivieron empiezan a ser una minoría. Beth Hillman, presidenta del 9/11 Memorial & Museum y veterana de la Fuerza Aérea, señaló que muchos de su generación recuerdan con precisión dónde estaban aquel día. Pero unos 100 millones de estadounidenses no habían nacido o eran demasiado jóvenes para recordarlo.

Ese cambio generacional modifica la tarea de preservar la memoria. El museo recibe 2,4 millones de visitantes al año y apuesta por educar a los jóvenes. Voluntarios y familiares de víctimas cuentan sus experiencias a quienes conocieron el 11-S por sus padres o la escuela.

Logan Miller, de 32 años, perdió a un tío y a un abuelo en los ataques y participa como voluntario. Según explica, los jóvenes suelen hacer más preguntas que quienes vivieron aquellos acontecimientos.

Ignacio Gaete, un chileno de 22 años que visitó el monumento, no había nacido en 2001, pero consideró importante conocer el lugar de la tragedia. Su visita refleja el esfuerzo por convertir una historia que los jóvenes no vivieron en una experiencia que puedan comprender.

Holly Kafka, una visitante de Chicago de 61 años, sostiene que hay que acercar a los jóvenes al lugar para dimensionar lo ocurrido. En una época dominada por las redes sociales, la memoria necesita ser transmitida antes de convertirse únicamente en información.

Cada año, en Ground Zero, los familiares leen los nombres de las víctimas a partir de las 8.40, antes de la hora en que se produjo el impacto contra la Torre Norte. La ceremonia recuerda también los otros ataques y, por la noche, dos haces de luz se elevan sobre Manhattan para evocar las torres destruidas.

CASI 3.000 MUERTOS Y MÁS VICTIMAS POSTERIORES

El 11-S dejó 2.977 muertos. Diecinueve integrantes de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones: dos fueron estrellados contra el World Trade Center, otro contra el Pentágono y el cuarto cayó cerca de Shanksville, tras el enfrentamiento de los pasajeros con los secuestradores.

Pero la tragedia se prolongó durante décadas. Más de 9.400 personas han muerto posteriormente por enfermedades relacionadas con los atentados, según el programa federal que atiende a quienes estuvieron expuestos. Son víctimas que amplían la dimensión humana de un ataque cuyos efectos no terminaron aquella jornada.

Jalid Sheikh Mohammed, señalado como presunto cerebro de los ataques, permanece detenido en Guantánamo desde hace dos décadas. Su juicio fue programado para junio de 2028, una señal de que algunas cuentas abiertas por el 11-S siguen sin cerrarse.

El desafío adquiere mayor peso porque el tiempo cambia la forma de entender las consecuencias. El 11-S no solo dejó miles de muertos: modificó la seguridad, los viajes, la política exterior y la vida cotidiana. Para quienes nacieron después, esas transformaciones forman parte del paisaje habitual.

Preservar la memoria supone mucho más que conservar imágenes y testimonios. También exige explicar qué significó para las familias, los rescatistas y una sociedad que vivió bajo una amenaza permanente ya hoy.

Cuando desaparece la experiencia directa, la memoria depende más de quienes pueden contarla y de las instituciones capaces de conservarla. El desafío del 25º aniversario no es recordar por un día, sino evitar que una tragedia que marcó una era termine reducida a una fecha en un libro de historia. Porque cuando muere el recuerdo personal, comienza la responsabilidad colectiva de mantener viva la memoria.