La industria textil argentina atraviesa una crisis profunda. Según un informe de la Fundación ProTejer, la producción cayó un 33% interanual en febrero de 2026 y acumula un retroceso del 36% frente a 2023.
El deterioro se refleja también en la actividad industrial: la fabricación de prendas, cuero y calzado registró una baja del 18% en comparación con 2025. Además, el sector presenta niveles récord de capacidad ociosa, con hasta 7 de cada 10 máquinas sin uso en los últimos meses.
Entre las principales causas, el informe señala la caída del consumo interno, vinculada a la pérdida del poder adquisitivo. En ese contexto, la indumentaria —considerada un bien no esencial— es uno de los rubros más afectados.
A esto se suma el impacto de las importaciones. Durante 2025, el ingreso de ropa del exterior creció un 185% en volumen, muchas veces a precios bajos, lo que intensificó la competencia para la producción local.
El impacto también se siente en el empleo y la estructura productiva: en los últimos dos años se perdieron más de 20.700 puestos de trabajo y cerraron más de 650 empresas del sector. La crisis ya se refleja en locales vacíos en los principales centros comerciales.