El conflicto en Medio Oriente entró en su séptimo día con una nueva escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán. Durante la madrugada se registraron bombardeos en el centro de Teherán, mientras el Ejército israelí anunció otra ola de ataques contra objetivos en Irán y en suburbios de Beirut, en medio de un enfrentamiento que ya involucra a varios actores de la región.
En paralelo, las fuerzas estadounidenses informaron que destruyeron un gran buque de guerra iraní en una operación militar, mientras que Israel aseguró que sus aviones atacaron un búnker subterráneo vinculado al líder iraní Ali Jameneí en la capital iraní. Según el Ejército israelí, más de 50 aviones participaron en el operativo.
Desde Israel también denunciaron que Irán utilizó bombas de racimo en distintos ataques desde el inicio de la guerra. El portavoz militar Nadav Shoshani afirmó que ese tipo de armamento puede constituir un crimen de guerra si se dirige contra población civil, aunque no brindó detalles sobre los lugares donde habrían sido utilizadas.
La comunidad internacional expresó creciente preocupación por la escalada. El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió que la situación podría “salirse de control” y pidió detener los combates para iniciar negociaciones diplomáticas. En la misma línea, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, calificó la ofensiva contra Irán como “un extraordinario error”.
El conflicto también ya tiene impacto económico global. Los mercados reaccionaron con fuertes subas en el precio del petróleo ante el temor de interrupciones en el suministro. El barril de Brent superó los 92 dólares, su nivel más alto desde 2023, mientras el West Texas Intermediate llegó a superar los 90 dólares.