La nave espacial soviética Kosmos 482 atraviesa su fase final de descenso hacia la Tierra luego de permanecer más de 50 años orbitando el planeta. El artefacto, lanzado en 1972 como parte de una misión con destino a Venus, nunca logró abandonar la órbita terrestre debido a una falla ocurrida poco después del despegue.
Desde entonces, el Kosmos 482 quedó convertido en basura espacial, girando alrededor de la Tierra durante décadas. En los últimos días, especialistas en seguimiento de desechos espaciales advirtieron que la nave comenzó un reingreso descontrolado a la atmósfera, que podría concretarse en algún momento de esta semana.
La principal preocupación de los científicos radica en el diseño del módulo de descenso. A diferencia de los satélites modernos, pensados para desintegrarse al reingresar a la atmósfera, esta nave fue construida para soportar las extremas condiciones de la atmósfera de Venus, lo que aumenta la probabilidad de que partes del artefacto sobrevivan a la caída.
Según expertos, existe la posibilidad de que fragmentos del módulo impacten contra la superficie terrestre u oceánica, de manera similar a un meteorito. Aunque las probabilidades de que los restos caigan en zonas habitadas son bajas, no pueden descartarse por completo debido a la imposibilidad de calcular con precisión el punto de impacto.
Jonathan McDowell, astrónomo del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, señaló que existe una chance mínima de que el objeto cause daños materiales y una probabilidad aún menor de que pueda provocar lesiones. Mientras tanto, agencias y observatorios internacionales continúan monitoreando la trayectoria del Kosmos 482.
Más allá de su desenlace, el episodio vuelve a poner en agenda los riesgos asociados a la acumulación de basura espacial y los límites del control humano sobre los objetos enviados al espacio décadas atrás.