Teresa Anchorena, reconocida gestora cultural argentina, falleció este jueves en su casa de Villa Crespo mientras preparaba una nueva exposición y continuaba con su labor en el Fondo Nacional de las Artes. Su muerte deja un profundo vacío en el ámbito cultural, donde se destacó por su incansable defensa del patrimonio histórico y arquitectónico del país.
En diciembre de 2024, la Ciudad de Buenos Aires la distinguió como Personalidad Destacada de la Cultura, un reconocimiento que coronó una trayectoria dedicada a fortalecer la identidad cultural argentina. Su paso por la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, organismo que presidió entre 2016 y 2022, consolidó su rol como una de las principales referentes en la protección de los tesoros nacionales.
A lo largo de su carrera, ocupó cargos centrales en la gestión cultural: fue secretaria de Cultura de Buenos Aires durante la gestión de Enrique Olivera, directora del Centro Cultural Recoleta, del Fondo Nacional de las Artes, asesora del presidente Raúl Alfonsín y más recientemente, asesora en el Teatro Colón. Su versatilidad y compromiso dejaron huellas en cada institución que lideró.
Anchorena atravesó también la experiencia del exilio, al radicarse en París en 1973 junto a su familia. Allí vivió rodeada de artistas argentinos y aprendió oficios que más tarde consideró esenciales para su desempeño en la función pública. Su pasión por el arte surgió en la adolescencia y la acompañó toda la vida, impulsándola a estudiar y coleccionar obras desde muy joven.
Con una formación que combinó periodismo, antropología y arte, Anchorena fue un puente entre la gestión pública y el compromiso social. Su legado queda reflejado en la memoria cultural argentina y en el respeto de colegas y artistas que valoraron su trabajo como guardiana del patrimonio.