Tocando a los ricos donde más les duele

Notas de opinion Politica Sociales


Impuesto Forbes 

Por Federico G. Villanueva- Analista de Relaciones Internacionales

Hay 50 personas en Argentina que tienen 57.000 millones de dólares, todos juntos. 50 ricachones en Argentina tienen un PBI del Uruguay, quiere decir que 50 individuos concentran en sus manos, lo mismo que producen 3.400.000 personas del país más justo (todos los indicadores económicos y sociales lo avalan) de toda Latinoamérica. Esos son los que no quieren pagar un impuesto que gravaría el 20% de ese patrimonio (o sea 11.400 millones de dólares) con un impuesto de entre un 1% y un 5%(de los 11.400). En el Gobierno este anteproyecto de Ley se conoce como “impuesto Forbes”. Seguramente no estarán los votos, por la capacidad de lobby de esos 50 multimillonarios. Como para empezar a plantear otras medidas, reformas de fondo, entendiendo que situaciones excepcionales (ésta claramente lo es) requieren medidas excepcionales.

Mientras tanto, la solidaridad se esparce más rápido que el coronavirus en el territorio argentino, lo vemos en aquellos que sostienen el débil entramado social. En esos y esas -y fundamentalmente esas, porque en la inmensa mayoría son nuestrascompatriotas las que abren un comedor o un merendero en su barrio cuando el hambre apremia a los que menos tienen- se sostiene el tejido social, y fue así, con la construcción de estas redes civiles de contención, que la propia sociedad creó en sucesivas crisis, que se evitó un estallido social en los dos últimos años del Gobierno de Cambiemos, que golpeó fuertemente a las clases medias, pero particularmente a los más desposeídos.

Por un lado archimillonarios, que además son los dueños de los bonos argentinos (gran parte de la deuda externa argentina con legislación extranjera, está en manos de argentinos), que se niegan a poner un centavo en este momento tan particular, por el otro lado las ollas populares pululan, la sociedad civil se junta, se organiza y le hace frente al hambre, de la pandemia anterior al Covid-19, de la que son responsables los primeros, los multimillonarios y sus representantes políticos, que durante 4 años tuvieron todos los resortes del Estados, para hacer a los pobres más pobres mientras ellos acumulan más de lo que pueden gastar en varias vidas. 

Me quedaba pensando; ¿por qué tantas presiones para volver a trabajar?; ¿tanto están perdiendo?; ¿no es peor si los que salen a trabajar se enferman, o incluso si mueren nuestros viejos? Para ellos no, si de algo saben es de números, y de fríos cálculos. Puede morir el 5%. Un porcentaje más que aceptable para los dueños del mundo, y de las vidas de todo el resto. Además es un 5% que prácticamente consume muy poco, salvo para la industria farmacéutica y los laboratorios, hay poco nicho de mercado ahí. Y los trabajadores se enferman, piden licencia por 2 semanas y vuelven, lo importante es volver…volver rápido. Ya nos tomamos un mes de licencia mental. Y algunas personas (que tienen la suerte de tener resuelto el techo y la comida, pero trabajan siempre para que otros sean ricos) han empezado a pensar, a cuestionarse e incluso a darse cuenta que no es necesario consumir tanto, que hay otras cosas importantes en la vida, que no es necesario cambiar el auto todos los años o irse de viaje al Caribe, o a Brasil si no da la plata, que importa más el tiempo, el tiempo que uno se dedica a uno y a sus afectos, y a conocerse y a preguntarse qué le gusta hacer y qué no, y a dónde va su vida, y si es feliz tal y como está. 

El consumo mundial no sólo cayó por la pandemia, cayó porque muchos de los que estamos encerrados y tenemos una mínima capacidad de consumo aun, entre la incertidumbre o el darnos cuenta que hay vacíos que no se llenan con cosas, estamos haciéndole el caldo gordo al sistema. Y a los dueños del sistema, al Status Quo, no le gustan los cuestionamientos, le aterran, es lo único que los hace sentirse amenazados. Que un día “millones y millones” (y le robo la expresión, pero al revés a un nefasto bufón que es “periodista “pago) nos demos cuenta que hay cosas que no son justas, que no tienen por qué ser así, y que las tenemos que terminar de una vez por todas, porque son la raíz de todos los males que aquejan a la sociedad moderna. 

Seguiremos con la cuarentena, amenazando a los dueños de casi todo con pensar y darnos cuenta, nosotros los dueños de casi nada, y los que tienen lo que a nosotros nos sobra o elegimos darles, seguiremos cuidándonos, en nuestras casas (aquellos que tenemos) o en nuestros barrios, los que no pueden permanecer adentro debido a que viven en condiciones infrahumanas, ya hace varias pandemias.

Mientras los serviles del billete seguirán arengando a la tropa tonta desde sus medios hegemónicos, con mentiras, manipulaciones y todo lo que tengan disponible a mano, jugando sucio siempre, siendo mezquinos, como se los indica su codicia infinita, nosotros seguiremos respaldando las decisiones del Gobierno, que es por y para la gente y que puso a la salud pública como prioridad en el momento que el sentido común lo indicaba. No hizo nada milagroso, hizo por una vez en este país, lo que se tenía que hacer.

Y a esa Argentina multifacética, que nos incluye a todos, también hay que aplicarle el sentido común en la economía, y en los gastos que genera estar en casa. Es hora de que los más ricos pongan algo, no me sale decir “hagan el esfuerzo”, porque esfuerzo es tomarse dos ómnibus para llegar al trabajo por dos mangos, no dar 1 millón y quedarte con tus otros 99. Sigamos lo que haya que seguir, y sigamos pensando qué cosas ya no serán igual, luego del coronavirus. 

Es por eso, que desde estas humildes líneas quiero agradecerle señor Presidente, por hacerle frente al Poder Económico, y enseñarnos (y enseñarles) que el Poder real lo tiene usted, y que ese poder se sustenta en el pueblo que lo respalda y lo legitiman las urnas de octubre pasado y la realidad de este abril.

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