La masculinidad hace infelices a los hombres

Notas de opinion Sociales

Por Gonzalo Carranza 

¿Por qué la masculinidad hace más infelices a los varones?

Varios estudios sociales revelan que los hombres son infelices dentro de las estructuras de la masculinidad. En el imperativo de cumplir con las expectativas viven sus vidas con mucha frustración e infelicidad. Relegando su derecho a estar contentos y relajados por su deber de ser varones. Los hombres como víctimas de las propias estructuras de la masculinidad, soportando situaciones extremas para pertenecer a la figura viril. 

Si bien sabemos que la sociedad moderna está rodeada de mandatos sociales que regulan nuestras vidas, moldeandolaspara su funcionalidad desde el momento cero en el que nacemos. Los hombres, aquellos que perpetúan y reproducen prácticas machistas a lo largo de toda su vida y sin cuestionarlas, también sufren las exigencias de los mandatos de masculinidad y según Rita Segato, reconocida antropóloga a nivel internacional, son las primera víctimas de aquellas exigencias de una “masculinidad obligatoria”.

Esta pregunta no nace como una necesidad de señalar y castigar a los varones, sino como una reflexión para repensar las consecuencias de cumplir con las estructuras de la masculinidad obligatoria. En este nuevo cambio de paradigma feminista que está atravesando la Argentina en todas sus órbitas políticas y sociales pone en el foco de atención el rol de los hombres. 

Pero ¿qué es un mandato de masculinidad en la sociedad moderna?

Es el conjunto de normas y potencias que necesitan los varones para ser parte de una estructura de fuerza tan vieja como la humanidad misma. Pero en esta era, donde la violencia machista y el auge del capitalismo obligaron a los hombres a perfeccionar este conjuntos de potencias económicas, bélicas y simbólicas para posicionarse se les torna, aún más dificultoso y estresante el hecho de ser sujetos viriles: sostén de una familia, excelente amante, buen deportista, etc… Convirtiéndolos, una vez más, en soldados de la estructura de masculinidad. 

Se necesita de un exhibicionismo muy exagerado para ser reconocido por otros varones, que termina en frustración difícil de superar con el pasar del tiempo. Y la frustración en mucho de los casos genera niveles de violencia muy altos para con ellos mismos y con el resto -la violencia hacia las mujeres es el ejemplo más claro-

Siguiendo la línea teórica de Segato podemos ver como los hombres son víctimas de las exigencias sociales masculinas a la hora de demostrar su virilidad en la cotidianidad y en todas las actividades que desarrollan. Entendiendo a la virilidad como pilar fundamental de las estructuras del Estado, de la cultura, de la religión y de la política. 

La humanidad de los hombres está tan sujeta a su virilidad que pone en jaque a la dignidad de su persona si no cumple con los requisitos necesarios. Si quedan por fuera de estas normas el hombre es relegado a la marginalidad y su sexualidad como tal se ve corrompida. Sufriendo una vez más: frustración. 

En el devenir de no poder ubicarse como “víctimas” del patriarcado el mandato de masculinidad se convierte en un mandato de violencia, ubicando a los varones como seres funcionales a los intereses del capitalismo moderno que necesita de hombres fuertes, violentos y con falta de capacidad de empatizar con el otro para seguir creciendo. 

Segato en varias de sus obras y teorías feministas reafirma que los hombres son las primeras víctimas del mandato de la masculinidad y que su infelicidad es mucho mayor que la infelicidad de las mujeres. El hecho de no cumplir con el conjunto de estas potencias necesarias para coexistir dentro de los parámetros de los mandatos de masculinidad, consecuentemente termina feminizando la humanidad de los varones, su desplazamiento a la posición femenina, lo que concluiría en una destitución y condena por parte de otros varones. “La pedagogía de feminidad como sometimiento.”

La construcción de este mandato de masculinidad que hace extremadamente infelices a los hombres ha acompañado a la humanidad en toda su existencia. Esta masculinidad es la construcción, como hemos dicho antes, de un sujeto obligado a adquirirla de forma total y sin dudas como estatus, atravesando pruebas y evaluaciones desde su nacimiento. Sobre el varón pesa el imperativo social de tener que conducirse a ella bajo la mirada y aprobación de sus pares varones. 

¿Es posible liberarse del mandato de masculinidad y ser felices?

Debemos ser un poco pesimistas al pensar si existe una salida a la masculinidad tal y como la conocen los varones. Ya que está sumamente arraigada a la frustración y a la violencia. Su ADN como sujetos masculinos está conformado por las mismas. Aunque la irrupción de las olas feministas y la intervención de otros tipos de masculinidades abrieron puertas para pensar el fin del sufrimiento como resultado del mandato de la masculinidad que tienen como primeras víctimas a los varones. Pero bien sabemos que el patriarcado como célula elemental de toda violencia necesita de estos seres masculinos y viriles para perdurar en el tiempo, lo que hace la tarea mucho más difícil. 

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