La reforestación masiva del planeta, una alternativa tangible para combatir el cambio climático

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Organismos internacionales han advertido que tenemos sólo 10 años para frenar el calentamiento global antes de que sus consecuencias para la vida en el planeta sean irreversibles, y catástrofes ecológicas como el incendio del amazonas y el de Australia vuelven más urgente la intervención. En este marco, volver a habitar áreas deforestadas con vegetación nativa emerge como una salida clara y sencilla.

Por Ezequiel Ian Pérez.

Acaso volver a las bases de la vida humana en el planeta suene a causa revolucionaria en tiempos de una vida hiper mediada por la tecnología, donde el desarrollo técnico le ha asignado a la naturaleza la función de fuente interminable (sic) de recursos de los cuales proveerse.

Es que lo que a lo largo de miles de años fue ni más ni menos que el método fundamental de subsistencia para la vida humana, acudiendo al cierre de la segunda década del siglo XXI aparece como una suerte de último recurso para salvar el pellejo del mundo tal como lo conocemos.

Mucho se ha hablado de que “algo hay que hacer” para amenizar el cambio climático. Es un hecho que en la consciencia de buena parte de la población mundial la cuestión ya adquirió la categoría de prioridad absoluta, pero la cosa es que no muchos tenemos claro qué hacer. Pues bien, la reforestación masiva ha aparecido en los últimos meses como una luz al final del túnel para darnos algo de certidumbre.

Obviamente esta idea no surgió hace poco tiempo, y muchas personas y organizaciones han impulsado el plantar árboles para contrarrestar las emisiones de carbono presentes en la atmósfera, cuyas consecuencias podrían ser devastadoras para la vida humana en un breve período.

Pero hacia julio del año pasado Thomas Crowther, profesor del Instituto Federal Tecnológico de Suiza, publicó en la revista Science un estudio que precisa en términos cuantitativos el impacto que podría tener la reforestación estratégica de diversas áreas disponibles del planeta.

Según se puede leer en la publicación concretar este esperanzador proyecto, que contempla la imposibilidad de realizarlo en áreas urbanas, hostiles y otras ya forestadas, permitiría a su tiempo la absorción de 205 gigatones de carbono: a saber, dos tercios del dióxido de carbono generado por la actividad humana desde la Revolución Industrial.

Thomas Crowther, científico británico especializado en ecología de ecosistemas y el principal asesor científico de la Campaña Trillion Tree de la ONU.

Para conocer un poco más en detalle el tipo de experiencia que originó estos cálculos, se cruzaron datos de alrededor de 80 mil fotografías satelitales de superficie forestal con una base de datos que contiene las condiciones climáticas y tipos de tierra de diferentes áreas. 

Se llegó a la conclusión de que la superficie apta para ser reforestada es de alrededor de 900 millones de hectáreas. Se hizo especial hincapié en que el proyecto debería llevarse a cabo estratégicamente y priorizando la siembra de especies nativas de cada región para no alterar significativamente los ecosistemas y su funcionamiento como parte de un sistema más amplio (regional y planetario).

Crowther aseguró que “La restauración forestal es por mucho la más poderosa solución planetaria que tenemos en la actualidad”.

Las cartas de una primera alternativa natural, sencilla y profundamente ambientalista están sobre la mesa. Sólo resta arremangarse y trabajar por ello. Siendo consciente de que no es el único problema que atraviesa cada nación, pero sí de que podría llegar a eclipsar todas las demás problemáticas juntas a corto plazo.

Sin un planeta habitable no hay pobreza que erradicar, ni enfermedades que curar, ni disputas que dirimir.

Ha llegado la hora de empezar a concebir como locos extravagantes a quienes, al borde del abismo, continúan hablando en términos de desarrollo económico a cualquier costo. Los movimientos ambientalistas y ecologistas caracterizados históricamente como soñadores en los discursos cotidianos se han convertido en los pensadores más realistas. Deben convertirse en los pensadores más realistas en el imaginario social .

El tiempo de los cambios drásticos llegó hace rato, y bastante tardamos en hacernos cargo.

Contacto: ezequielianperez22@gmail.com

Fuentes: Revista Science; ecoosfera.com

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